Defusión



Bolígrafos, lápices, rotuladores, etc. Elementos normales que puede contener cualquier lapicero, ¿verdad? Pero, ¿qué ocurriría si un día este lapicero se quedase vacio? O ¿Qué pasa si el lapicero solo contuviese bolígrafos de color azul? ¿Dejaría de ser un lapicero? 

La respuesta a esta pregunta es bastante sencilla, NO. Independientemente del número de bolígrafos que contenga o el color que sean, el lapicero seguirá siendo un lapicero.

Y al igual que ocurre con el lapicero, parece, que con independencia del contenido de pensamientos o emociones que tengamos las personas, hay algo que permanece, que transciende, algo que se encarga de observar ese contenido, independientemente de la forma que adopte ese contenido. Eso eres tú.

Se denomina fusión cognitiva a la incapacidad de diferenciar el proceso de pensar del contenido del pensamiento. Identificando el pensamiento como algo sujeto al sentido del “yo” y respondiendo de forma literal a su contenido (“soy idiota”, “no valgo para nada”), como si de una verdad absoluta se tratase.

El proceso de defusión implica darse cuenta de que nuestros pensamientos y emociones no son más que eso, pensamientos y emociones, un conjunto de palabras, sonidos, sensaciones e imágenes transitorios. Diferenciar entre el proceso de pensar y el contenido del pensamiento.

“Soy un inútil” vs. “Estoy teniendo el pensamiento de: soy un inútil”.

Esto nos permite crear “un espacio” entre lo que pensamos/sentimos y la conducta. Respondiendo, en última instancia, no literalmente al contenido mental, sino hacia lo que valoramos importante para nuestras vidas. Y así, flexibilizar el comportamiento, para que ante los pensamientos que antes eran limitantes, ahora pueda emitir una conducta en dirección a sus valores.


Ejercicio

Basándoos en las prácticas realizadas en clase:


1. Desarrollar un dialogo entre terapeuta y cliente donde se observe un proceso de defusión (Desliteralización, fisicalización). 



7 comentarios:

  1. -T: ¿cómo te has sentido esta semana?
    -P: Pues me siento con mucha ansiedad, muchos nervios, creo que no podré conseguir hablar con nadie en clase… lo peor es la sensación de ansiedad.
    -T: ¿A qué llamas ansiedad?
    -P: Esos nervios que me entran, dolor de estómago, empiezo a sudar, me tiembla la voz… ¡es imposible hablar con alguien así! ¡Pensarán que soy un loco!
    -T: Te propongo que hagamos un ejercicio a ver qué conseguimos, ¿te parece bien?
    -P: Bueno vale…
    -T: Ahora ponte en una postura que te resulte cómoda y cierra los ojos. Escucha mi voz, escucha atentamente las palabras que te estoy diciendo, siente cómo el sol entra por la ventana y te da calor en las piernas… escucha el ruido del exterior que entra por la ventana. Siente tu postura, la presión de tus pies contra el suelo… tu respiración, tal y como es ahora mismo.
    Ahora imagínate que estas entrando a la clase, algunos de tus compañeros ya están sentados hablando de sus cosas, tu quieres hablar con alguno de ellos pero te cuesta ver con quién… te intentas acercar pero entonces viene esa sensación de ansiedad. ¿Cómo te ocurre en ese momento?
    -P: Estoy muy nervioso, estoy sudando.
    -T: ¿Dónde está esa sensación de nervios? ¿En qué parte de tu cuerpo?
    -P: Están en mi garganta, no me dejan hablar.
    -T: y ¿si tuvieran una forma cómo serían?
    -P: Serían como algo punzante, algo que pincha… como un puñal.
    -T: Ese puñal que está en tu garganta, ¿está frío? ¿Te da calor?
    -P: Esta muy frío y me impide hablar.
    -T: ¿Qué te gustaría hacer con él?
    -P: Quitármelo para poder hablar.
    -T: ¿Alguna vez lo has intentado?
    -P: Sí.
    -T: ¿Y has podido eliminarlo?
    -P: No… siempre vuelve.
    -T: Bueno, quiero que pienses si eres capaz de sacar ese puñal de tu garganta, sacarlo al exterior, quizás por tu boca.
    -P: Puede que sí…
    -T: Avísame cuando lo veas fuera de ti, en tu misma mano.
    -P: Ya.
    -T: ¿Dónde está el puñal?
    -P: En mi mano.
    -T: ¿Dónde estás tú?
    -P: Aquí.
    -T: ¿Quién observa el puñal?
    -P: Yo mismo.
    -T: Ahora coloca el puñal encima de la mesa que tienes delante. Sólo apóyalo ahí y avísame cuando lo veas.
    -P: Ya.
    -T: ¿Quién está observando el puñal?
    -P: Yo mismo.
    -T: ¿En qué sitio crees que podrías llevar el puñal para que no pinche tanto?
    -P: Pues no sé… en un bolsillo puede ser.
    -T: Entonces coge el puñal de la mesa y métetelo en el bolsillo.
    -P: Vale.
    -T:¿Dónde está el puñal?
    -P: En el bolsillo.
    -T: Quizás ahora que no está en tu garganta te resulta más fácil encaminarte hacia tus objetivos, hablar con la gente…
    -P: Creo que sí.
    -T: Ahora quiero que vuelvas a ser consciente de los ruidos que nos rodean, el sol ahora sólo te da en los pies… pasa un coche ruidoso y su sonido entra por la ventana… siente tu respiración. Y cuando estés listo, abre los ojos…

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  2. T: ¿Que tal la semana?
    C: La verdad es que no me sentido especialmente mal y eso me ha creado confusión, porque esperaba que me afectase más lo de la sesión anterior.
    T: ¿Que decía tu mente sobre esa "sensación de confusión?
    C: Me decía que "no entiendo como me siento tranquila con todo lo que está pasando" (Pensamiento 1)
    T¿Que más?
    C: Las aguas están demasiado calmadas, esto no puede ser bueno (p2)
    C: Seguro que la semana que la semana que viene me da otra vez el bajón.
    T: Aurora me gustaría que cerrases los ojos y pusieras toda tu atención en tu respiración, en la sensación que produce el aire al entrar en tus fosas nasales, quiero que sientas como descansan tu espalda sobre la silla, en la posición de tus manos, presta atención a como tus pies se apoyan en el suelo. (Pausa)
    Ahora quiero que prestes atención a los sonidos que hay a tu alrededor, a mi voz, a mis movimientos en la silla, al ruído que produce el aire acondicionado...(pausa)
    Ahora quiero que escribas en un papel lo siguiente:
    "no entiendo como me siento tranquila con todo lo que está pasando", ¿lo has escrito?
    C: Si
    T: ¿De que color?
    C: Negro.
    T: ¿En mayúsculas o minúsculas?
    C: Minúsculas.
    T: ¿La letra es grande o pequeña?
    C: Grande
    T: ¿Quien lo ha escrito?
    C: yo
    T: Quiero que imagines que en la pared hay un corcho y pegues el papelito que acabas de escribir con la frase: "no entiendo como me siento tranquila con todo lo que está pasando".¿ Lo has hecho?
    C: Si
    Ahora quiero que des tres pasos atras y mires el papel, ¿cómo se ve?
    C: Más pequeño y casi no puedo leerlo.
    T: ¿Quien lo esta leyendo?
    C: Yo.
    T: Ahora quiero que cojas el pensamiento "Las aguas están demasiado calmadas, esto no puede ser bueno" y lo escribas en otro papel. (pausa) ¿lo has escrito?
    C: Si
    T: ¿De qué color?
    C: negro
    T: mayúscula o minúscula
    C: Esta vez mayúscula
    T: Quiero que sujetes el papel en la mano y leas "Las aguas están demasiado calmadas, esto no puede ser bueno" ¿quien lo esta leyendo?
    C: yo
    T Ahora quiero que lo cojas y lo pegues en el corcho ¿lo has hecho?
    C: Si
    T quiero que te sitúes en frente del corcho y te acaches y mires hacia arriba y leas " Las aguas están demasiado calmadas, esto no puede ser bueno" ¿Cómo se ve desde abajo?
    C: No se lee bien
    T: ¿Quien lo esta leyendo?
    C: Yo
    T: Ahora quiero que cojas otro papel y escribas "Seguro que la semana que la semana que viene me da otra vez el bajón"
    T ¿Lo has escrito?
    C: Si
    T De que color lo has escrito?
    C: Ahora azul
    T: ¿En mayúscula o minúscula?
    C: mayúscula
    T ¿quien lo ha escrito?
    C: Yo
    T:¡ Avísame cuando lo pegues en el corcho!
    C: ¡ya!
    T: Ahora quiero que te acerques lo máximo que puedas al corcho y leas el papel que has puesto.¡ Avisa cuando lo hagas!
    C: ¡ya!
    T: ¿como se ve desde tan cerca?
    C: mal
    T¿Quien lo esta viendo?
    C: yo
    T: Aurora ahora quiero que te vuelvas a centrar en tu respiración, en mi voz pero que sigas con los ojos cerrados ¿cómo te sientes?
    C: Aun más confusa porque no logro ver mis pensamientos con claridad, no los entiendo..
    T: ¿donde sientes esa confusión?
    C: en mi cabeza
    T ¿Cómo es esa confusión?
    C Es como el humo del tabaco
    T ¿De qué color es?
    C: Blanco
    T:¿A qué huele?
    C Huele mal y me molesta, no lo aguanto.
    T ¿Que forma tiene?
    C: Son circulas
    T: ¿la sientes en alguna parte mas?
    C: no sólo en mi cabeza
    T: ¿Podrias coger dicho humo?
    C: No
    T: ¿Podrías soplarle?
    C: Si
    T: Pues quiero que lo soples, ¿Lo has hecho?
    C: Si
    T:¿ Hacia donde has soplado?
    C: hacia fuera, justo delante mia.
    T: ¿estas viendo el humo?
    C: si
    T¿quien lo esta viendo?
    C: yo
    T: ¿Podrías poner ese humo en algun lugar donde lo lleves mejor?
    C: Si
    T: ¿Donde?
    C: Podría cogerlo con mis manos y hacerlo mas pequeño
    T: hazlo
    T ¿Como te sientes?
    C: Un poco menos confusa.
    T: Quiero que de nuevo te centres en mi voz, en el ruido del aire acondicionado y que poco a poco vayas abriendo los ojo...

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  3. T: Me acabas de contar cómo te has sentido durante esta última semana, y me has dicho que los pensamientos de inutilidad, torpeza, rechazo, etc han estado presentes cuando has intentado acercarte a la chica que te gusta, no es así?
    C: Sí, todos esos pensamientos han impedido que me acercara a hablar con ella.
    T: Pues si te parece vamos a llevar a cabo ahora un ejercicio, cuyo objetivo es que te des cuenta que tus pensamientos, son sólo eso, pensamientos, es decir, estos pensamientos no son la esencia de tu persona. Te lo explicaré de la siguiente manera, imagínate un lapicero que contiene los elementos normales de cualquier lapicero, rotuladores, lápices, subrayadotes, etc, si algún día esta lapicero dejara de contener esos lápices o rotuladores, dejaría de ser un lapicero??
    C: Imagino que no, aunque no tenga nada dentro, sigue siendo un lapicero igualmente.
    T: Por lo tanto, digamos que podríamos decir que para ser un lapicero, no haría falta tener los bolígrafos o rotuladores verdad? Es decir, independientemente del contenido del lapicero, este seguirá siendo siempre un lapicero no?
    C: Si claro.
    T: Pues esto mismo pasa con tus pensamientos, emociones y sentimientos, a pesar de ellos, siempre hay algo que permanece, independientemente del tipo de pensamiento o sentimientos que tu experimentes, siempre habrá algo que permanezca, y ese algo eres TÚ. Entiendes?
    C: Entonces lo que me quieres decir, es que yo soy yo, independientemente de esos pensamientos y emociones? Pero yo si siento que esos pensamientos me identifican, yo me los atribuyo a mi persona.
    T: Claro que lo haces, por eso estas aquí. Lo más común en el ser humano, es no saber diferenciar el proceso de pensar con el contenido del pensamiento, identificamos nuestro pensamiento como si fuera unido a nuestro yo, como si fuera una verdad absoluta. Nos creemos a pies juntillas verbalizaciones como “soy torpe” o “seguro que me rechaza”. Lo que yo quiero enseñarte hoy es que aprendas a darte cuenta de que nuestros pensamientos y emociones, solo son eso, palabras y sonidos, son independientes a nuestra esencia como persona. Estos pensamientos y emociones siempre van a estar presentes en nuestro día a día y por más que intentemos controlarlas no lo vamos a conseguir, es más, probablemente produciremos el efecto contrario. Entonces lo que hoy vamos a hacer es un ejercicio para que sepas identificar este proceso y para que crees un espacio entre lo que haces y tus pensamientos y emociones. Qué te parece?
    C: Me parece estupendo, porque es muy lógico todo lo que me cuentas sobre que mis pensamientos y emociones son sólo eso, y que hay que diferenciar este proceso de pensar, con el mi conducta. El hecho de que me lo expliques me ayudará a entender el ejercicio.
    T: Perfecto, pues vamos a comenzar entonces. Te voy a pedir que te pongas en una posición en la que te encuentres cómodo y cierres los ojos. Concéntrate en el sonido de mi voz, en el ruido del ambiente como el pájaro que está cantando ahora mismo, en el sonido de mis pasos contra el suelo. Siente tu cómoda postura, tu respiración. Ahora imagina que estas en un bosque, donde hay un río en el que el agua fluye ligera y suavemente. El agua es fresca y limpia y la corriente del agua arrastra hojas. A tus pies todo esta lleno de hojas porque estamos en otoño. Te voy a pedir que imagines que coges una de esas hojas, y que escribas con un rotulador el pensamiento que quieras. Cuál escoges?
    C: Que soy torpe para hablar con la chica que me gusta.
    T: Vale, pues escribe ese pensamiento en la hoja, cuando lo tengas, me avisas.
    C: Ya, lo tengo
    T: De qué color lo has escrito?
    C: Negro
    T: En mayúsculas o minúsculas
    C: Todo en mayúsculas y negrita, son bien gordas.
    T: Vale, ahora ponlo arrójala al río. Qué es lo que pasa?
    C: Que se va con el curso del río, se aleja de mi.

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  4. T: Observa como ese pensamiento que has escrito en la hoja de que eres torpe para hablar con la chica que te gusta, se aleja de ti por el curso del río y acabas perdiendo de vista la hoja. Quien ha colocado esa hoja allí?
    C: Yo
    T: Ahora puedes coger otra hoja y escribir de nuevo en ella otro de los pensamientos que me has dicho antes, cuál vas a escoger ahora?
    C: Que soy un rechazado y que nadie me va a querer nunca
    T: Vale, cómo lo has escrito ahora?
    C: En gris y mayúsculas, pero menos gordas, son más finas las letras.
    T: Ahora quiero que leas lo que pone en la hoja y lo arrojes como hasta hecho anteriormente, cuando lo hayas hecho, avísame.
    C: Ya,
    T: Y que es lo que pasa ahora?
    C: Que se aleja rápidamente por el curso del río y llega un momento en que no la veo.
    T: Y quien ha escrito en a hoja y la ha arrojado en el curso del río?
    C: Yo
    T: Si, la has colocado tu, y como te sientes al colocarla allí y ver como se aleja de ti?
    C: Algo más aliviado al ver que el pensamiento se aleja de mi, pero tengo miedo porque se que eso es temporal y que volverá a aparecer el pensamiento tarde o temprano.
    T: Si te preguntara en qué parte del cuerpo notas ese miedo. Donde me dirías que se encuentra?
    C: En las rodillas
    T: Y forma tiene?
    C: Ladrillos cuadrados, uno en cada rodilla
    T: Qué color tienen esos ladrillos cuadrados?
    C: Rojo intenso
    T: Y pesan?
    C: Si, muchísimo, no me dejan avanzar.
    T: Que te gustaría hacer con esos ladrillos?
    C: Romperlos y hacerlos añicos para que me dejaran de pesar.
    T: Has intentado alguna vez romperlos ?
    C: Sí, pero siempre vuelven y con más fuerza que antes, es como si al machacarlos les diera más fuerza para que se recuperaran.
    T: Vale, y si te digo que en vez de machacarlos o romperlos, los coloques en un sitio donde sin deshacerte de ellos, por lo menos no te pesen tanto y te dejen andar? Podrías?
    C: Supongo que sí, es cuestión de buscar un sitio donde colocarlo y que me resulte menos pesado que vayan conmigo?
    T: Y qué sitio crees que podría ser ese?
    C: Pues en los hombros. Ahí molestarían menos.
    T: Vale, pues coloca esos ladrillos de tus rodillas en tus hombros, cuando lo hayas hecho avísame.
    C: Ya.
    T: Y quien ha colocado los ladrillos en tus hombros?
    C: Yo
    T: Ahora que el peso del miedo, de que vuelvan a aparecer los pensamientos que te impiden acercarte a la chica que te gusta, se encuentra un lugar más manejable para ti y te pesa menos, igual te permite no sin esfuerzo, que te acerques a la chica que te gusta.
    C: Supongo.
    T: Vale, pues ahora te voy a pedir que de nuevo te concentres en mi voz, en tu respiración, en el peso de tus zapatos sobre el suelo, y que poco a poco y cuando te lo creas conveniente, vayas abriendo los ojos.

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  5. T: ¿Cómo ha ido tu semana?
    P: Ha ido realmente mal, no consigo quitarme ese sentimiento de fracaso de la cabeza que no me deja hacer nada. No me siento capaz. Me siento inútil, absurdo. No voy a poder encontrar trabajo. ¿Quién va a querer contratarme a mí?
    T: ¿Qué sensaciones te provocan esos pensamientos?
    P: Ansiedad, tristeza, me siento desmotivado por completo, incapacitado
    T: ¿Te parece que hagamos un ejercicio?
    P: Bueno…
    T: Bien, cierra los ojos. Toma una postura cómoda, centra tu atención en mis palabras, escucha mi voz. Siente el aire que entra por la ventana, el sonido de los pájaros de fuera, las ramas de los árboles moviéndose con el viento, siente tu espalda contra el respaldo de la silla, tus pies sobre el suelo. Imagina que estás entrando a un despacho en el que te van a hacer una entrevista de trabajo. Esta entrevista es para un puesto que te interesa realmente, llevas tiempo buscando y deseando trabajar en ello. Comienza la entrevista ¿Cómo te sientes en esta situación?
    P: Fatal, me cuesta respirar, no me salen las palabras, me siento agitado, muy muy nervioso
    T: ¿Dirías que esa sensación tan desagradable que sientes, está en alguna zona concreta de tu cuerpo?
    P: en el pecho
    T: si tuvieras que ponerle una forma ¿Cuál sería?
    P: un nudo enorme
    T: ¿es ligero o pesado?
    P: muy pesado
    T: ¿tiene algún color?
    P: negro
    T: ¿se mueve o está quieto?
    P: está quieto
    T: bien, ¿podrías coger ese nudo y ponerlo sobre la mesa? Avísame cuando lo hayas hecho
    P: Ya…
    T: ahora puedes observarlo, y dar unos pasos atrás incluso si quieres, y mirarlo desde lejos ¿Dónde está el nudo?
    P: sobre la mesa
    T: ¿Quién lo ha puesto ahí?
    P: Yo
    T: ¿y tú dónde estás?
    P: aquí
    T: ¿y dónde está el nudo?
    P: sobre la mesa
    T: ¿Quién lo observa?
    P: Yo
    T: ¿en qué lugar de tu cuerpo crees que podrías colocar este nudo para que no te resultara tan pesado ni te dificultara respirar?
    P: en mi hombro
    T: bien, pues cógelo y llévalo sobre tu hombro, avísame cuando lo hayas hecho
    P: ya
    T: Muy bien, ahora el nudo ya no está en tu pecho bloqueándote, ahora el nudo está sobre tu hombro, en este lugar no te molesta en tu respiración o impidiéndote articular palabra, quizá ahora que tienes el pecho despejado te sea más fácil poder hacer lo que quieres
    P: seguramente si
    T: Bien, pues ahora poco a poco quiero que vuelvas a ser consciente de los sonidos de tu alrededor, del aire de la ventana, de los pájaros, mi voz. Con calma, cuando te sientas listo, abre los ojos.

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  6. 1. Desarrollar un dialogo entre terapeuta y cliente donde se observe un proceso de defusión (Desliteralización, fisicalización).

    T: Bueno Ana me cuentas que no soportas que tu madre te hable de tu expareja, ¿Qué sientes cuando lo hace?
    A: Pues siento rabia, impotencia, tristeza, no sé muchas cosas a la vez…
    T: Y ¿qué piensas en ese momento?
    A: Pues que otra vez vamos a empezar a discutir, porque yo no puedo decirle todo lo que siento, que yo no quiero preocuparla y que quiero que me deje tranquila…
    T: Y entonces ¿qué sueles hacer cuando ocurre esto?
    A: Pues, unas veces me quedo callada, otras veces le cambio de conversación, o incluso a veces he llegado a mentirle y eso me produce más angustia aún.
    T: Y lo que veo es que nada de eso soluciona el problema ¿verdad?, Si te parece podemos intentar hacer algo diferente con esas emociones y pensamientos que te vienen
    A: Pero eso ¿me va a ayudar?
    T: No lo sé, lo que sí sabemos es que lo que estás haciendo hasta ahora, no te ha servido, yo no puedo garantizar que este ejercicio te vaya ayudar, ya me lo dirás tú cuando lo hagamos, yo sólo quiero saber si ¿te quieres dar permiso a ti misma para probar algo distinto?
    A: Vale
    T: Quiero que recuerdes la última situación en la que estabas con tu madre y ella empezó a hablar de tu expareja. ¿Dónde estabais?
    A: En la cocina, preparando los purés de la niña
    T: Muy bien, estabas sentada, de pie, ¿en qué posición os encontrabais?
    A: Ella estaba frente a la vitrocerámica y yo sentada colocando los tarros para echar los purés
    T: Perfecto Ana, ¿puedes visualizarte en la situación?
    A: Sí
    T: Vale pues ahora cuéntame qué está pasando
    A: Pues que mi madre empieza a preguntarme por el tema de la hipoteca que tenemos en común mi expareja y yo, que si ya hemos hablado cómo vamos a solucionar el tema de la cuenta conjunta que tenemos.
    T: ¿y cómo te estás sintiendo en ese momento Ana?
    A: Pues empiezo a ponerme nerviosa, me entra angustia
    T: ¿Puedes notar esa angustia ahora?
    A: Sí
    T: Y ¿dónde la sientes? ¿En qué parte de tu cuerpo está?
    A: Por todo el cuerpo
    T: ¿Puedes verlo? ¿Puedes verte a ti con esa angustia que se reparte por todo tu cuerpo?
    A: Sí
    T: La estás viendo, puedes decirme si tiene alguna forma
    A: Sí son como alfileres, como agujas punzantes que se me clavan en todo el cuerpo
    T: Muy bien Ana, y esas agujas, esos alfileres punzantes son de algún color?
    A: Sí son de color negro, son pequeños pero muy afilados y se me clavan por todo el cuerpo
    T: Perfecto Ana, ahora te voy a pedir que te veas a ti con esos alfileres por todo tu cuerpo, con esas agujas punzantes y que te observes, desde arriba, mírate (dejamos unos segundos para que se visualice), de frente, (…). Desde atrás (…), de un lado (…), de otro (…), mira esa imagen de ti desde diferentes perspectivas y ahora quiero que pruebes a sacar fotografías de cada una de ellas, ¿puedes verte a ti haciendo esas fotografías?
    A: Sí
    T: ¿Quién está haciendo las fotos?
    A: Yo
    T: Y ¿qué quieres hacer con esas fotos?
    A: Ponerlas en un panel
    T: Muy bien Ana y ¿puedes verte a ti colocando esas fotos en el panel y dando varios pasos atrás para observarlas?
    A: sí me veo
    T: Muy bien pues ahora quiero que vuelvas aquí conmigo a la consulta que te visualices aquí en el sillón frente a mí, ¿lo estás haciendo?
    A: sí
    T: Perfecto Ana ¿qué ha pasado?
    …..Este ejercicio fue real, lo trabajé así con la paciente y resultó efectivo para que Ana empezase a dar pasos en la dirección contraria a la evitación experiencial que hasta ahora estaba poniendo en práctica con la madre.

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  7. T: Bueno, ¿qué tal la semana, como le ha ido?
    P: Pues la verdad que no muy bien del todo, soy incapaz de sacar esa sensación de que no voy a ser una buena madre, que cuando nazca mi bebé lo haré mal.
    T: Está bien, ¿te parece que hagamos un ejercicio? A ver qué tal.
    P: Vale, está bien.
    T: Necesito que cierres los ojos, te pongas lo más cómoda posible, ambos pies bien apoyados en el suelo, sus manos sobre las piernas y la espalda bien apoyada al respaldo. Respire de manera tranquila, note como el aire entra por su nariz y el estómago se llena, y como poco a poco expulsa ese aire por la boca. Ahora quiero que me diga ¿dónde se encuentra esa sensación, en qué zona de su cuerpo esta?
    P: En el pecho.
    T: Está bien, ¿podrías decirme como es esa sensación?
    P: Es mala, desagradable.
    T: ¿podrías darle forma?
    P: Es como una esponja, grande y rugosa.
    T: ¿Qué color tiene?
    P: Es gris
    T: ¿Cuánto pesa?
    P: Pesa bastante es como si estuviera mojada.
    T: Vale, ahora te voy a pedir que saques esa esponja y la sostengas en las manos, agárrala bien, que no se caiga.
    P: Vale, la tengo.
    T: ¿Dónde está la esponja?
    P: En mis manos
    T: ¿Quién la está mirando?
    P: Yo.
    T: Ahora quiero que la pongas encima de la mesa y te alejes dos pasos.
    P: Vale.
    T: ¿Quién la está viendo?
    P: Yo.
    T: Ahora que tenemos esa sensación encima de la mesa, ¿te sientes algo más tranquila?
    P: Sí, creo que sí.
    T: Está bien, pues ahora quiero que vuelvas a concentrarte en tu respiración, en los ruidos del alrededor, de tus pies apoyados en el suelo y tus manos sobre las pierna y poco a poco vayas abriendo los ojos…

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